Moda y consumo ético

La aparición de consumidores preocupados por los problemas ambientales y sociales de la actualidad y la necesidad de consumir productos acordes a sus principios, está provocando que los mercados oferten nuevas líneas de productos más respetuosos con el medio: comida ecológica, productos de comercio justo o el papel reciclado son algunos de los ejemplos. Y, recientemente, se empieza a comercializar una línea de moda sostenible.

La moda sostenible, también conocida como ropa ética, es la etiqueta que se le atribuye a aquellas prendas que, desde la dimensión ambiental, utiliza materiales de bajo impacto, como tejidos orgánicos, biodegradables y reciclables; no hace uso de técnicas agresivas con el medio, en relación a tintes e impresiones, y optimiza el gasto energético, tanto en su fabricación como en su distribución. Respecto a la dimensión social, contempla criterios de comercio justo en la adquisición de los tejidos, promoviendo la igualdad entre trabajadores de países del norte y sur.

Comercio justo frente a las campañas de marketing de las multinacionales

Firmas de todo el mundo se están sumando a esta iniciativa y podemos encontrar ejemplos como People Tree, creadores de moda orgánica de Comercio Justo. Para la elaboración de sus prendas utilizan algodón 100% orgánico certificado, elaborado por artesanos procedentes de Bangladesh, India y Nepal a través de un convenio más equitativo. Otro ejemplo es la marca escocesa de cachemira Ballantyne, que ha creado un tejido que denominan “cachemira inteligente” el cual es resistente al agua y permanece en buenas condiciones durante más tiempo, promoviendo una mayor vida útil del producto. En España también encontramos grandes firmas como el Naturalista, expertos en elaborar zapatos con productos naturales y reciclados.

Pero parece que no es oro todo lo que reluce, pues las voces más críticas aseguran que estamos ante una campaña de marketing, ya que lo “verde vende”. Otro inconveniente de esta línea de moda es su alto precio, pues contempla el coste que implica fabricar una prenda de forma justa y ambiental. Esto le resta competitividad en el mercado, caracterizado por camisetas a precios asequibles, lo que persuade al potencial comprador y promueve que solo las grandes firmas puedan permitirse la fabricación de una línea de moda al alcance de unos pocos.

Consumidor ético

No es la promoción de la ropa ética donde poner el énfasis, sino en la evolución a consumidor ético, que no es la persona que se compra mil camisetas sostenibles, sino aquella que elige la que necesita. Y no se trata solo de disminuir el consumo, sino de elegir: elegir la tienda de barrio frente a las grandes multinacionales, evitando así la imposición de un monopolio de la moda; elegir comprar ropa de segunda mano, una opción más barata y sostenible; elegir aprender a coser y remendar la ropa rota; elegir reutilizar para transformar, por ejemplo, un pareo en un bolso, etc. En otras palabras, tomar la elección de controlar nuestro consumo, sin olvidar que el término “fashion victim” fue creado para hacer creer que no tenemos opciones, que somos meras víctimas. Todo lo contrario, somos el poder, y debemos tener siempre presente que son nuestras exigencias las que cambian las tendencias del mercado.

 

 

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