Suscribir y adquirir

Su cuñado, el náufrago a merced de las corrientes del marketing, le dirá que  la industria tiene todo controlado y que no hay forma de que los consumidores, haciendo la guerra por su cuenta, puedan revertir los círculos viciosos en los que llevamos inmersos durante décadas

Tenemos la suerte de vivir en el cénit de nuestra civilización que, a su vez, es la que ha logrado mayores logros tecnológicos y sociales de la Historia de la Humanidad. Decir lo contrario sería una descortesía tremenda con los sufrimientos vividos por las generaciones pasadas o por miles de millones de personas en el presente, y cuando lo digo, lo hago a sabiendas que nuestra “torre de marfil” tiene grietas y proyecta sombras sobre el planeta y sus propios habitantes. Pero aun así, sigue siendo el mejor de los modelos de sociedad que ha habido hasta la fecha aunque estaría encantado de oír una propuesta realista que lo supere. El afán de mejora es lo que ha movido siempre a nuestra especie.

Aseveraciones así de categóricas suelen levantar pasiones y, aunque defenderé su derecho a discrepar conmigo, las pruebas a favor de la misma se amontonan. Así, nunca antes coexistieron semejantes niveles de libertad, conocimiento y riqueza para tantos millones de personas a la vez. Cierto que desigual y muy mejorable, pero no menos cierto que nunca superado.

Esta exuberancia desbordante ha traído su propio lote de desafíos a solventar. De hecho un problema que mis abuelas no pensaron que existiese es el de la “tiranía de la elección”, que es cuando estamos obligados devanarnos los sesos para decantarnos por una oferta inmensa. Y esto no sólo aplica los lineales del súper, también está la casa donde vivimos, el coche que conducimos, los medios de comunicación que consultamos, el ocio etc. Esta constante toma de decisiones se ha convertido en un reflejo condicionado por el que nos relacionamos hasta el punto que estamos inmersos en una Sociedad de Consumo.

Efectivamente, como dijo el Presidente Kennedy: “Consumidores, por definición, somos todos”. Otra de esas presuntas perogrulladas de la Historia pero que acaban siendo geniales porque significó el pistoletazo de salida de los derechos del consumidor que hoy nos amparan. No obstante, la concepción del consumidor como parte más débil en la relación contractual, aunque cierta, ha degenerado en sólo cabe la defensa del consumidor, de manera que, con no acabar estafados, podemos darnos por satisfechos y, sin embargo, la economía nos insiste en que, sin demanda, no hay mercado.

Cuando consumes, votas. Es el lema del movimiento Knowcost por el que se establece una filosofía de consumo en la que la toma de decisiones se produce de forma informada y responsable. Informada sobre los costes y la externalidades implícitas en la obtención de los bienes y servicios. Responsable del impacto que la decisión va a tener en la sociedad y en el medio, partiendo de la información que ya tiene. En este sentido, el consumidor pasa de ser el sujeto pasivo de la mercadotecnia a ser el motor del sistema.

En este punto es donde su cuñado, el náufrago a merced de las corrientes del marketing, le dirá que la industria tiene todo controlado y que no hay forma de que los consumidores, haciendo la guerra por su cuenta, puedan revertir los círculos viciosos en los que llevamos inmersos durante décadas. A esto respondería lo mismo que diría el maestro Yoda del Lado Oscuro, nos es más poderoso pero sí más rápido, más fácil y más seductor. Por supuesto que coger el “El Nombre que Vd. Conoce” del estante o repetir mentalmente el posicionamiento de marca que han marcado a fuego durante años. Es como ir cuesta abajo, pero luego no procede aporrear el Twitter de las empresas porque, por si quedase duda a pesar de las columnas anteriores o por si es nuevo por aquí, la cultura de la cancelación, la censura y el veto no las considero compatibles con una sociedad democrática. Para eso, ya hay otras civilizaciones que nos pueden contar hasta dónde llegan esos caminos.

Antes de terminar esta columna quería hacer referencia a un curioso fenómeno, de incierto recorrido y más inciertas consecuencias, que ha tenido lugar esta misma semana y que acaba siendo una de esas serendipias en la que la vida te da la razón. Se trata del extraño caso de Reddit y su canal WallStreetBets en el que los usuarios de éste se han lanzado desde hace semanas a la compra masiva de acciones de empresas como la cadena de tiendas de videojuegos GameStop,  Blockbuster, (sí ha leído bien, Blockbuster sigue existiendo), la cadena de cines AMC o Nokia entre otros. Lo que tienen en común estas compras masivas es que todas son titanes caídos, que gozan de la simpatía del público por motivos diversos, y que estaban bajo el asedio de la especulación de fondos de inversión, cuentan con la animosidad del público. Ahorraré la tramoya financiera de esto, que además está muy bien explicada por expertos, pero el resultado a día de hoy son miles de  millones de dólares en pérdidas para estos fondos y una llamada de atención sobre los usos que hemos tomado por costumbres que no ha pasado desapercibida para los reguladores del mundo entero.

Esto es un ejemplo extremo y hasta es cuestionable cómo de legal puede ser, ya que está rayando en manipulación del mercado de valores, pero es innegable de que el poder que los consumidores pueden ejercer en proteger o reventar un determinado modelo de negocio. Así, al igual que con el voto damos nuestro apoyo a un determinado partido político en unas elecciones, consumiendo, validamos una forma de hacer negocio: su impacto medioambiental, su política laboral, su ética corporativa, su narrativa en los medios etc. Lógicamente, nuestra renta disponible va a condicionar nuestro margen de decisión pero no debemos olvidar que suscribimos lo que adquirimos.

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