Letras de molde

Está claro que todo medio selecciona lo que publica, editándolo de la forma que estiman más correcta. A fin de cuentas, es lícito tener una línea editorial que esté amparada por la libertad de prensa

Para cuando estas líneas lleguen a usted, ya estaremos en la recta final de 2020. Menos de sesenta días para finiquitar este ‘annus horribilis’ azotado por terremotos, plagas de insectos, conflictos políticos, debacle económica, confinamiento, enfermedad y horas perdidas contemplando la fragilidad de nuestro mundo. De hecho, en el fin de semana de publicación del número de este mes, su cuñado le estará poniendo la cabeza como un bombo con las abusivas/insuficientes medidas de confinamiento regional para combatir la segunda ola de la COVID y/o las manipulaciones del voto por correo y del Colegio Electoral en las presidenciales de EE UU. 

A fin de cuentas eso es lo que se nos queda del año. Los titulares en letra de molde y, con algo de suerte, quizás retengamos algo de la entradilla. Mucho nos tiene que llamar la atención lo que hay detrás de todo ello para que hagamos una investigación más profunda del contenido de la noticia y, no digamos ya, para hacer una comparativa de la misma entre los distintos medios.

Cuando se hace esto último siempre me viene a la mente un chiste de tiempos de la Guerra Fría que he leído y escuchado en ocasiones pero cuyo origen real desconozco, así que no descarto que sea leyenda urbana. Éste cuenta que tras celebrarse una competición de natación entre el Presidente Kennedy y el Premier Khrushchev, el primero gana y el segundo pierde como es lógico por la brecha de edad. No obstante, una información tan clara se transforma en titular de forma distinta en EE UU donde se publica “Kennedy Campeón, Khrushchev último” mientras que en la URSS dirían “Khrushchev subcampeón, Kennedy Penúltimo”. El diablo está en los detalles.

Está claro que todo medio selecciona lo que publica, editándolo de la forma que estiman más correcta. A fin de cuentas, es lícito tener una línea editorial que esté amparada por la libertad de prensa. Lo que resulta más problemático es que nos olvidemos de ello, tomando la palabra publicada como verdad revelada y, asumámoslo, nuestro nivel crítico baja mucho cuando estamos de acuerdo con lo que estamos leyendo, por la misma razón que a caballo regalado no se le mira el diente.

Cuando digo palabra publicada, me refiero al sentido más amplio y multiplataforma que cabe porque no sólo comunica la prensa. Así, de los miles de horas de vídeos que se han subido a internet en el tiempo que ha leído esta columna, si descuenta los que van sobre gatos y el porno, quedan cientos de horas de divulgación en los que se aplica el aforismo sevillano de “todo el mundo cuenta la feria como le va”. Esto es especialmente importante en el caso de las redes sociales que no podemos olvidar que son empresas a fin y al cabo, a quienes seguramente usted mintió cuando marcó “he leído y comprendido los términos de uso”. Éstas también tienen sus criterios para mostrar información y para bloquear, se lo crea o no, lo que usted aceptó cuando marcó dicha casilla.

El problema de los algoritmos es que tienden a crear profecías autocumplidas ya que muestran aquello que entienden que es más afín al usuario pero acaba mostrando sólo cosas similares por lo que sólo se ven contenidos del mismo estilo y se puede seguir el razonamiento circular hasta la locura. Hay que hacer el esfuerzo por buscar temáticas diferentes y el algoritmo se va ajustando, pero el esfuerzo lo tienes que hacer. Imposible no es, sólo que requiere ganas y ahí es donde muere nuestro afán de ilustración. Ésta es la clave de por qué su cuñado es el monotema que le fustiga en el grupo de Whatsapp y que usted sabe que puede desarmar en la práctica totalidad de los casos con un concienzudo método de investigación, que consiste en echarle un minuto de búsqueda en Google para ver cómo es el tamaño del bulo. Pero claro, todo puede ser una conspiración de los medios controlados por los Illuminati porque se lo dijo su cuñado que lo vio en una página bien grande en letras de molde.

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