Las vidas no vividas

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A diferencia del protagonista de “Las vidas de Mr. Nobody”, ninguno puede experimentar las vidas que no hemos elegido pero podemos optar por el sucedáneo más socorrido

Piensen en cómo bloquear a una persona con sólo dos palabras. Algo tan breve como demoledor. Algo que atrape por completo su atención y le deje incapaz de atender nada más sumiéndolo en mar de emociones. ¿Qué se les ocurre? “Cariño, ¿Hablamos?” “¿Está dentro?” “Diste positivo” “Contigo no”… Nunca tantos fueron machacados por tan poco.

En realidad, la pregunta que todo lo echa a rodar es “¿Y si…?” Ni siquiera hace falta formular el resto porque todos tenemos algo por lo que preguntarnos. Una interrogativa condicional en la que cabe el mundo o incluso muchos mundos. De hecho, la ciencia parece ir en la dirección de afirmar que todos esos escenarios son reales y que no sólo fueron posibles, sino que han ocurrido, pero si me meto por esa puerta nos va a doler la cabeza.

Al hilo de lo anterior, les recomiendo una película: “Las Posibles Vidas de Mr. Nobody”. Una historia de fantasía, disfrazada de ciencia ficción, en la que se explora la vida de una persona muy longeva que tenía la capacidad de vivir simultáneamente todas las posibles opciones que surgían de cada decisión que tomaba. Algunas eran trágicas, otras cómicas y algunas, como en una película francesa, no pasaba nunca nada.

A diferencia del protagonista de “Las vidas de Mr. Nobody”, ninguno puede experimentar las vidas que no hemos elegido pero podemos optar por el sucedáneo más socorrido. Nos las podemos imaginar. Es aquí donde llegan las dos palabras tétricas ¿Y si…? ¿Y si no me hubiese casado? ¿Y si hubiese hecho el Erasmus? ¿Y si me hubiese comprado esto en vez de lo otro?… Y así hasta figurarse el diagrama del flujo de nuestra existencia como el guión de Mr. Nobody. 

Sin entrar en las implicaciones junguianas de lo dicho hasta ahora, ante semejante cuadro, posiblemente tenga la ayuda de su gurú “hipstérico” de las píldoras de sabiduría de Instagram y le citará el sobado discurso de Steve Jobs en Stanford, en el que el magnate decía una perogrullada de marca mayor: “En la vida, los puntos sólo pueden unirse hacia atrás”. Así, usted es producto de lo que fue y semilla de lo que será. De esto, lo único que va a sacar es el itinerario pasado, que no está mal, pero no hay guías para el futuro.

La cosa se complica cuando en la realidad virtual de nuestra mente ajustamos el nivel a “muy fácil” y nos convertimos en el protagonista de un relato amateur, o como le gusta llamarlos al “hipstérico”,  “fanfiction”, en el que todo nos va de perlas con sólo cambiar una funesta decisión: más dinero, mejor relación de pareja, reconocimiento mundial, jugar al fútbol mejor que Messi, fenomenales poderes cósmicos … La imaginación no tiene límites,- la de la mayoría, quiero decir.

Naturalmente, ante semejante despliegue de luces y sonido, la realidad cotidiana palidece en comparación. Es ahí cuando llega el veneno de las vidas no vividas: que nos genere la nostalgia de un pasado mejor que nunca existió; que envidiemos a la persona que no fuimos; que minusvaloremos lo que tenemos en comparación con lo que podríamos haber tenido. En definitiva, que despreciemos lo que somos por la ilusión de lo que podríamos haber sido.

Esto que vale para lo micro, vale para lo macro. Lo puede ver en los titulares de prensa: “Si la cuarentena hubiese empezado una semana antes…” “Si gobernasen los que están en la oposición…” “Si se hubiese invertido en educación…” Y si… Y si… Y si… La excusa perfecta para dejar la actualidad y dedicarse al relato fantástico, abriendo la veda para innumerables estrategas de salón que alternan alineaciones futbolísticas estelares que requieren chequera saudí, con planes quinquenales de crecimiento perpetuo. 

Con esto no propongo la amnistía a los errores del pasado, sino concentrar las energías y recursos que nos quedan en la planificación del mañana, escapando de la parálisis por análisis. Sabemos lo que funciona y lo que no, en lo que acertamos y en lo que erramos, quién tenía buen juicio y quién falló. Eso es parte de la solución

Los puntos de Jobs nos han traído hasta aquí pero en lugar de ¿y si…? Toca preguntar ¿Ahora qué? Y la respuesta no nos gusta porque se trata de volver a tomar decisiones, sin “modo fácil” y sin hoja de ruta. Algo mucho más cansado que mirar por la ventana sintiendo nostalgia por las vidas no vividas.

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