Fernando Perdiguero Camps

Tanto Miguel Mihura como Fernando Perdiguero fueron los autores más prolíficos de la Codorniz, con artículos casa siempre firmados con seudónimos, para dar a entender que la revista tenía muchos colaboradores. De 1942 a 1943,  Fernando se dedica integrante a ayudar a Mihura en la elaboración de la revista. Cuando Manuel Pombo Angulo, Juan José Pradera y Ortega y Carlos Godó Valle, fundan la Sociedad Mercantil La Codorniz  nombran director a Álvaro de Laiglesia y a Fernando Perdiguero redactor jefe. Fernando Perdiguero tuvo la idea de crear una sección para criticar los despropósitos del régimen, se llamaría Crítica de la Vida, que como me comentó Gonzalo Vivas “Vivillo”  entre otros seudónimos, se publicaba con la firma de varios corresponsales, en tanto Papelin General una alegoría al BOE, se encargó directamente Fernando Perdiguero,  con el seudónimo Tiner. A su fallecimiento continuará las crónicas su hijo Óscar Perdiguero Pérez Jr. 

En el mes de diciembre de 1952 Álvaro de Laiglesia director de la revista, que siempre estaba pensando en alguna nueva sección, le expuso a Fernando Perdiguero la idea de hacer parodias de los diarios.  A Fernando le pareció excelente la idea, -hace años en Buen Humor ya había publicado algo parecido.  Con mucho bombo se anuncia la sección con el siguiente título: “Nuestras tremendas parodias de los periódicos contemporáneos”.  Tanto ABC siendo director don Luís Calvo, como la “Hoja del Lunes” trasladaron sus elogios a la revista La Codorniz. Cuando sale a la calle el número 576 correspondiente al 23 de diciembre de 1952, le tocó el turno al diario Arriba que en esta ocasión Perdiguero firmaba con el seudónimo “Cero”, nombre propuesto por Perdiguero con motivo de un expediente por el que pensó: “No soy nadie, soy cero”.   

Nuestras tremendas parodias de Diarios nacionales, en grandes titulares se denomina el Diario. “ABAJO”.   Al costado sustituye el yugo y las flechas  símbolo de Falange por un tazón y tres cucharas,  (Diario Madrid). Debajo del título del Diario la fotografía de una tortuga en actitud de caminar, con el siguiente píe: “Se ha inaugurado la línea de tranvías Plaza de Pepe López-Prosperidad, que tanta falta nos estaba haciendo” 

En la parte inferior un señor se lleva las manos al cabello en actitud pensativa con el siguiente pie: “El preboste de cuartos desalquilados que estudia la solución al problema de la vivienda”; a su derecha en el margen inferior derecho  la fotografía de unos gaiteros vistiendo a la usanza escocesa: “La guerra de Corea: un encarnizado combate en el que no intervienen tropas norteamericanas”. Seguía una serie de críticas implacables a la llama “Acción política del Régimen”, en una época que los gobernantes iban dando conferencias y charlas sobre los progresos de la nación, que en determinados ministerios era una realidad. 

La tortuga símbolo de lentitud, el título de Ministerio de Cuartos Desalquilados y sobre todo Abajo, fue un terremoto entre los lectores del Diario Arriba y los falangistas en general. Llegó la indignación hasta las más altas esferas del gobierno que llegó a solicitar la inmediata dimisión el director de la revista.  Álvaro fue citado por el Director General de Prensa, al que acudió con los recortes publicados de forma separada. “Se debería solventar con una multa”. Aguien pensó que lo mejor era retirarle la dirección  de la revista durante seis meses. Finalmente, se rebajó la sanción obligando a la revista a que no se nombrase la dirección durante una temporada. Los ánimos no se calmaron a Álvaro le avisaron que unos matones iban en su busca por Madrid para darle un escarmiento. En el semanario Juventud, órgano de Falange apareció un artículo a modo de editorial titulado “Juego sucio: un solo hecho puede empañar, la mejor hoja de servicios”  Quizás se refería dicho artículo a cuando estuvo Álvaro de Laiglesia en La División Azul.

Una mañana de diciembre llamaron a la puerta de la redacción; Marciano Andrés, al abrir, se encontró con unas personas que preguntaban por don Álvaro de Laiglesia.  “No está”, -dijo Marciano- y tardará como mínimo una hora en venir. “No importa”, para lo que queremos es mejor que no esté. Fernando Perdiguero al oír voces salió. Uno de los que habían entrado sacó una pistola y encañonó a los dos. Fernando Perdiguero muy nervioso por no poder fumar entre otras vicisitudes, les rogó le dieran un cigarrillo, a lo que asintieron. En tanto que fumaba, Perdiguero les dijo: “No sé cómo le va asentar esto a D. Juan José Pradera”. Cuando oyeron ese nombre les pidieron las llaves se fueron y los dejaron encerrados. Álvaro presentó una denuncia en a la Comisaría del Distrito, cuando salieron les dio la impresión de que el comisario se alegraba del escarmiento. Daba la casualidad que uno del grupo de San Sebastián de La Codorniz, D. Rafael Munoa Roig, dibujante y joyero excepcional, estaba esos días en Madrid, cumpliendo el Servicio Militar, y nos relata los mismos hechos. Claro está que los de Marciano Andrés son relatos vividos por él. Álvaro recibió numerosas amenazas, una de ellas (Documento AGA) firmada por el V Comando de Adolf Hitler. Pero, prácticamente a Perdiguero autor de la parodia, no le molestaron.

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