La Codorniz declara la guerra a Inglaterra

Se trataba de criticar y ahondar en las manías que tienen los ingleses y, además, aprovechar la ocasión para ridiculizar a esos grupos que de vez en cuando aparecían por los aledaños de la Embajada inglesa al grito de “¡Gibraltar Español!”

Con motivo de festejar el cumpleaños de Álvaro de Laiglesia, un nueve de septiembre de 1956, se dirigió a sus colaboradores para anunciarles una nueva noticia. En realidad solo estaba Rafael Azcona famoso por su creación del “Repelente niño Vicente” y Fernando Perdiguero, el alma de La Codorniz, además de Emilia que era la secretaria y, como no, Marciano Andrés, la persona más ubicua de la redacción de la revista. Álvaro comenzó su disertación diciendo: “Hoy tomaremos con el aperitivo unos taquitos de jamón y champan”. Acto seguido mandó a Marciano a comprarlos. Marciano se dirigió como era habitual al supermercado ‘La despensa Argentina’ que regentaba un burgalés de nombre Félix. Cuando todos estaban reunidos y expectantes Álvaro les comunicó que iba a declarar la guerra a Inglaterra. Se trataba de criticar y ahondar en las manías que tienen los ingleses y, además, aprovechar la ocasión para ridiculizar a esos grupos que de vez en cuando aparecían por los aledaños de la Embajada inglesa al grito de “¡Gibraltar Español!”.   

Dándolo por hecho, Álvaro fue distribuyendo entre sus colaboradores la labor que le correspondía a cada uno, de tal forma que a Fernando Perdiguero le encargó la redacción de un comunicado para declarar la guerra. Él mismo se atribuyó el cargo de mariscal de Campo, y Rafael Azcona su ayudante. Emilia sería la secretaria del Estado ‘Codornicesco’, dejando a Marciano Andrés la labor de Intendencia. Esta iniciativa corrió como rumor por todo Madrid, todo lo que provenía de La Codorniz era motivo de difusión inmediata, hasta que llegó a enterarse el embajador de Inglaterra. Tal fue su sorpresa que mandó un emisario a la redacción de La Codorniz para recabar información sobre los comentarios “vox populi” de la declaración de la Guerra a Inglaterra. Álvaro lo atendió en persona y se mostró muy honrado con la visita de este señor. Dándole toda clase de explicaciones, le recordó como los ingleses son tan ingeniosos con el humor, siendo la patria de afamados humoristas, que La Codorniz no tenía ningún interés de ofender a ninguna Institución.

La iniciativa seguía su curso expansivo como rumor populi llegando a interesarse el Excmo. Sr. Don Fernando Castiella, ministro de Exteriores.                                                               

El 30 de septiembre de 1956 con la numeración ‘776’, correspondiente de la revista, aparece con la siguiente portada: “Amenaza de guerra. La intolerable actitud inglesa nos obliga a decretar la movilización general de fuerzas y recursos”. Esta iniciativa dio material para editar hasta el número 784 cuando se proclama el Alto el Fuego. Por su parte el embajador, interesado por la lectura de los comentarios contra Inglaterra, llamó a la redacción de La Codorniz para decirles que dichas iniciativa le había hecho mucha gracia. Hay algunos observadores que opinan que Álvaro con la declaración de guerra trataba por todos los medios evitar que una nueva revista Don José, suplemento dominical del Diario de Tánger, le hiciera la competencia. Puede que haya algo de verdad en esta observación, ya que Don José publicaba su primer número en enero de 1955, para las fechas de la Guerra de Inglaterra Don José cumplía su segundo año y tenía una excelente acogida. Creada por Antonio Mingote entre sus colaboradores vemos a Juan Ballesta, Lorenzo Goñi, Julio Cebrián, Puig Rosado, Tono y Pgarcía.              

Dada la trascendencia que tuvo esta iniciativa Álvaro se reunió en el restaurante Sarriá con los colaboradores más veteranos para distribuir los diversos cargos. A Enrique Herreros se le comunica la noticia para que colabore y pide que se le dé un cargo a Sara Montiel que vivía con él; a Rafael Castellano brigadier en plaza; a José Luis Martín Mena queda encargado de la Jefatura de los Comandos, Mena había sido detenido por Scotland Yard y el Foreing Office le imputa ser espía español. Bajo presiones Mena tuvo que declarar que la espía era Sara Montiel que ingresa con el número X-1; Evaristo Acevedo, autor de “El autor de La Comisaría y la Cárcel de Papel”  le correspondería el cargo de jefe del Tribunal Militar de Papel; Rafael Munoa jefe de los Servicios de Información; en tanto que Álvaro sería el Gran Mariscal, jefe supremo. La publicación por La Codorniz de los diversos números de ejemplares vendidos con este motivo supuso un respiro a las arcas de la revista.                                               

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