Ciberdelincuencia y pandemia

Quizá sea el momento de formarnos digitalmente igual que protegemos nuestras casas y propiedades de intrusos

¿Sabes qué es el phishing? ¿Y el vishing? Quizá no. Pero ten la seguridad de que los malos sí que lo saben. Te lo explico. El “phishing” se utiliza para tratar de engañarte con un mail que parece verdadero, pero que en realidad está diseñado para robar tus datos personales y los de tus tarjetas de crédito. El “vishing” tiene la misma finalidad, pero con una llamada telefónica. Se trata de saber mucho de ti por teléfono, para luego utilizar esa información, localizarte en las redes sociales o bases de datos, y chantajearte o directamente vaciar tus cuentas corrientes.

Nos hemos convertido en cibertrabajadores. Ponemos nuestros dispositivos y conexiones de internet a disposición de nuestras empresas y nuestros contactos, pero nos olvidamos que en casa no disponemos de la seguridad informática que tenemos en nuestras oficinas. En la mayoría de los casos nuestros routers están desprotegidos, nuestros antivirus y cortafuegos desactualizados (o directamente inexistentes) y nuestros sistemas operativos y aplicaciones llenos de vulnerabilidades. Esto lo saben los ciberdelincuentes, y están explotando estos nuevos hábitos de cibertrabajo.

Y qué decir de nuestros hijos. Dejamos que se sienten ante sistemas informáticos sofisticados sin, en la mayoría de los casos, establecer un mínimo control parental. Móviles, tablets, portátiles… todos ellos conectados a Internet sin ningún tipo de monitorización por nuestra parte. Hay consejos sencillos como: desactivar las opciones de invitación en eventos colectivos, activar el cifrado de las comunicaciones, limitar o desactivar las transferencias de archivos, cancelar los chats privados y desactivar el vídeo si no es esencial. Pero, si no lo hacemos nosotros, ¿cómo vamos a vigilar que lo hagan nuestros hijos?

Quizá sea el momento de formarnos digitalmente igual que protegemos nuestras casas y propiedades de intrusos, y ocultamos nuestra intimidad tras cortinas y persianas. Debemos proteger nuestra nueva identidad digital; o quizá lo cómodo sea hacer como que no va con nosotros y lamentarnos cuando lleguen los problemas. Como siempre.

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