Comer sano para vivir más

La creación del concepto de “pirámide nutricional”, como guía alimentaria, es una de las fuentes con las que se  recomienda los hábitos alimenticios saludables para comer sano y vivir más. Sin embargo, no siempre ha habido consenso entre las administraciones y especialistas para establecer qué alimentos debían ir en los distintos niveles de la pirámide.

La propia OMS ha modificado en varias ocasiones su pirámide nutricional hasta la actual, en la que incluye como base piramidal el estilo de vida saludable basado en la realización de actividad física, la salud mental, el alcance de un balance de energía adecuado, la inclusión de las técnicas de cocina saludables o la hidratación del organismo, sin incluir las proteínas y los lácteos de origen animal hasta el nivel tres, y las carnes rojas hasta los niveles cuatro y cinco.

No obstante, esta representación estamental de alimentos va perdiendo más adeptos entre los médicos y nutricionistas que prefieren complementarla con otras alternativas más tradicionales basadas en la dieta mediterránea y en las proporciones de alimentos en el plato.

Los hábitos alimentarios antes y durante la pandemia

 

Fuente: Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación

La composición de la cesta de los españoles sigue la dieta mediterránea y se aproxima a la pirámide nutricional que aconseja la OMS. El informe que elaboró el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación en 2019 (un año antes de la pandemia) señala este orden de los productos que más se compraron en los hogares españoles: la leche y los derivados lácteos, las frutas frescas, las hortalizas y patatas frescas, el agua de bebida envasada y la carne. Un consumo que realizamos dentro del hogar. Pero ¿qué ocurre cuando vamos a comer fuera de casa?

Fuente: Ministerio de Agricultura Pesca y Alimentación

Fuera del hogar, nuestro consumo pone a las hortalizas y verduras en primer lugar de la cesta (27,3%), aunque este es inferior al consumo de bebidas alcohólicas como la cerveza (31,9%); seguido del agua envasada (29%), las bebidas refrescantes (17,2%), la carne (14,9%) el pan (11,6%) o el pescado y mariscos (9,5%), como los alimentos más consumidos. El único “pero” lo podemos encontrar en el bajo consumo de legumbres cuando comemos fuera de casa que viene a representar un 0,2%. Un dato que es supeditado en el ranking de alimentos donde entre los 15 platos más consumidos están las lentejas y las judías verdes. 

Otro estudio posterior con el que podríamos comparar si se asemejan los datos anteriores, viene a evidenciar datos igualmente positivos respecto a la alimentación de los españoles. El estudio realizado por la Sociedad Española de Nutrición Comunitaria (SENC) e investigadores de la Universidad del País Vasco observó que durante el confinamiento (2020) consumimos más verduras, más frutas y más legumbres y pescados. Pero, evidentemente, si siguiéramos los valores estamentales que establece la base de la pirámide nutricional de la OMS, debido a las circunstancias, los hábitos saludables como hacer ejercicio físico fueron inferiores. Únicamente se mostró un ligero cambio entre las personas que solían hacer ejercicio y aumentaron su intensidad durante el confinamiento. El 24,6% de los encuestados, sin embargo, dijo dedicarlo a pasar más de 9 horas diarias haciendo actividades sedentarias.

No obstante, según el estudio anterior del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en relación al consumo de alimentos, la tendencia cambió de 2019 a 2020 durante el confinamiento. En el periodo analizado que va desde el 9 de marzo hasta el 7 de junio, coincidiendo con los meses más duros de confinamiento, la tendencia se caracterizó por la elección de harinas, sémolas, bebidas espirituosas, cervezas, tabletas de chocolate, frutos secos o azúcar como alimentos más consumidos. Un dato que, por otra parte, deberíamos considerar puntual como consecuencia de una situación temporal que obligó a estar la mayor parte del tiempo en casa.

En resumen, ambos estudios contemplan que los españoles seguimos teniendo una dieta rica en alimentos saludables y, lo más importante, basada en la dieta mediterránea. 

Hacia el consumo de nuevos alimentos

Singapur fue el país pionero en comercializar con las carnes procedentes de cultivos celulares. La UE, más allá de la pirámide alimentaria actual, lleva contemplando, dentro de su marco regulatorio de “Nuevos alimentos”, la existencia de alimentos procedentes de cultivos celulares desde el 2017.

En la actualidad, más de 40 compañías a nivel mundial desarrollan carne cultivada y la previsión es que en 2040 la carne cultivada represente el 30% del consumo total de carne en el mundo. 

Por ahora, EE UU e Israel lideran a nivel mundial el proyecto de crear comida de laboratorio, aunque España juega con ventaja por la capacidad de su sector agroalimentario y tecnológico. Y lo cierto es que está en camino. El Gobierno de España ya ha destinado 3,7 millones de euros con el fin de crear carne cultivada, grasas saludables e ingredientes funcionales a través de ocho empresas del sector agroalimentario y la compañía BioTech Food que ha sido la primera en conseguir subvención de la Comisión Europea. 

En los próximos años, el trabajo de los organismos institucionales en España y Europa estará orientado a que el ciudadano vea las ventajas de alimentarse con alimentos que provienen de cultivos celulares para que poco a poco los incluya en su dieta.  

Los expertos que trabajan en este proyecto de generar carnes cultivadas enfatizan en las características nutricionales que tiene la carne de laboratorio de cerdo, pavo y ternera como beneficiosas por su mayor contenido de aminoácidos,  grasas monosaturadas sin colesterol, sin grasas saturadas, sin la interferencia de antibióticos ni alteraciones genéticas… y por la capacidad para ser tratadas con grasas saludables e ingredientes funcionales. 

Tampoco podemos obviar la implicación que todos los países tienen en la consecución de la Agenda 2030 y, para ello, en cumplir los 17 ODS para hacer más sostenible nuestro planeta a través de algunas de las políticas que los países ya se están implementando desde todas sus administraciones.

En este camino, los alimentos de laboratorio son parte de una tendenciosa propuesta para evitar el sacrificio animal, reducir el uso de terreno y agua y de emisión de gases de efecto invernadero. Si bien, estos son algunos de los motivos por los que  cada vez más personas coinciden en los peligros de consumir carne animal. 

Hasta la fecha, además del cultivo de carne de laboratorio también se ha puesto en marcha el cultivo de pescado a partir del tejido muscular de peces. El salmón es el primer pescado que ha empezado a cultivarse.

¿Existen otras alternativas?

La carne de origen animal sigue siendo parte de los alimentos contemplados como imprescindibles por su aporte proteico, vitaminas y minerales esenciales para los humanos. En una dieta equilibrada, como la mediterránea, se recomienda su consumo de 2-4 veces por semana. No obstante, existen otras dietas que no contemplan el consumo de estos alimentos de origen aninal. La opción más cercana, que desde tiempos inmemorables ha estado en la dieta de países como India, Israel, Taiwán o Italia es la dieta vegetariana que en las últimas décadas se ha ido extendiendo a otros países europeos y a Estados Unidos.

En España, un ejemplo de cocina vegetariana que lleva más de 40 años en funcionamiento es la cocina de Teresa Carles a quien hemos entrevistado para conocer los entresijos de su cocina basada en la materia prima (productos locales y de temporada como los vegetales, las frutas y los cereales), el cuidado en los procesos de cocción y la innovación constante en su cocina.

 

Para ver la entrevista completa haz clic aquí

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