De lo urgente y lo importante

Ten cuidado con lo que pides porque igual lo consigues. De esta manera, la sociedad de la información se ha convertido en la sociedad de la “infoxicación” y es algo que tenemos que digerir porque ha venido para quedarse como la Globalización. Puede que haya más canales, más plataformas, más contenidos y más personalización y nada de ello hace que accesible sea sinónimo de comprensible y lo peor de esto es que la toma de decisiones se complica porque hace falta un trabajo extra para reunir los datos con los que formar argumentos que nos permitan evaluar nuestras opciones. En este sentido, insisto en que se complica no que sea imposible como ya exponía en el número anterior hablando del “cajanegrismo”.

Si le parece que está en un bombardeo, quizás la ayuda pueda venir de la mano de un personaje curtido en los campos de batalla como Dwight Eisenhower, al que seguramente recordarán por como líder militar del Desembarco de Normandía o como Presidente de los Estados Unidos de 1953 a 1961. No obstante, traigo a colación su figura como planificador y organizador ya que su particular “mise en place” sentó las bases de proyectos faraónicos como la red de carreteras de Estados Unidos o la Carrera Espacial de cuyas rentas se sigue viviendo a día de hoy. De esta forma de pensar les propondría recuperar un instrumento engañosamente
sencillo como toda idea brillante: la matriz de Eisenhower.

No me voy a extender hablando sobre la matriz ya que es una herramienta de organización que está incluida en muchos métodos de trabajo e incluso hay aplicaciones para desarrollarla. Únicamente quería destacar que el objetivo de la misma es priorizar entre lo urgente y lo importante y es aquí donde podría resultar útil para el dilema que planteaba al principio. Así, estableciendo nuestras prioridades podemos resaltar la información útil del ruido de fondo y las cortinas de humo.

Si planteo esto ahora es porque desde hace unas semanas se viene oyendo que vamos a tener “un otoño caliente” por diversos motivos y con distintos grados de malicia, que van desde la genuina preocupación a la amenaza abyecta. Así que “lo importante” será establecer nuestras prioridades y necesidades para no vernos secuestrados por la “urgencias” inducidas y las cortinas de humo.

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