Información y propaganda política

Visto lo visto hasta la fecha, parece que ha vuelto a pasar lo de siempre: alguien ha debido decir aquello de “no se puede hacer peor” y estos han soltado el cubata para sacarle del error

Allá vamos otra vez. Para cuando estas líneas le lleguen ya habrán llegado los últimos estertores de la enésima campaña electoral de la década más inestable en la política española desde la Transición. De hecho, hemos llegado a un punto en el que nos encontramos en una perpetua campaña política ya sea local, regional, nacional, sindical, patronal y un largo etcétera en el que cada votación es un plebiscito y cada formación de gobierno una hoja de ruta para el resto. Si a esto le añadimos el creciente periodo de precampaña, es un no parar que deja corta a la “fatiga pandémica” que tanto preocupa ahora.

Lo cierto es que, en realidad, el circo que se ha montado en Madrid le importa bien poco a la práctica totalidad del país ya que se eligen los responsables de dicha Comunidad Autónoma. Asimismo, la intensidad de la “proxy war” entre todos los partidos es indicativo de lo poco que le importan el resto de las regiones a éstos. De hecho, no se ha escatimado en recursos como si el día 5 de mayo fuese el “fin de los días”.

A estas alturas de la película, ya no queda ni un sólo partido que no haya asumido las estrategias de marketing comercial para articular sus campañas y, lo peor, su política. Y lo digo además desde el punto más peyorativo de la disciplina porque al menos, en la mercadotecnia de la empresa se pretende vender soluciones explicando que la suya es la mejor, no poner de manifiesto que la competencia sólo va a agravar su situación, que las paredes sangrarán y las estrellas caerán. Me reservo el comentario sobre que los muertos saldrán de sus tumbas y los mares hervirán porque dependiendo de lo que voten sí es posible que acabe pasando, porque así de loca está la situación.

Visto lo visto hasta la fecha, parece que ha vuelto a pasar lo de siempre: alguien ha debido decir aquello de “no se puede hacer peor” y estos han soltado el cubata para sacarle del error. Así, nos han brindado la campaña más polarizada hasta la fecha. Y digo hasta la fecha porque las próximas lo van a tomar donde lo han dejado con ésta. Del insulto más o menos velado, a la amenaza. Del boicoteo, al sabotaje violento. Nada importa. Todo vale. El cielo es el límite o más bien el infierno porque no faltan los ejemplos en el siglo XX de dónde acaban estas tramas.

Para todos, nuestro niño es travieso y de los demás es malo aunque el pelotazo a las ventanas se lo hayan dado todos por igual. Así, las siglas de nuestro querer informan y las demás hacen propaganda. Porque todos tenemos claro que la propaganda es lo malo, es lo que presenta los datos y los hechos tergiversados, inflados y mutilados para tratar de vender la ideología del enemigo y los nuestros no hacen eso, porque no son el enemigo y ya está. No se piensa más ni se comprueba nada no vaya a ser que nos quebranten la poca determinación que teníamos.

Si algo queda de esta campaña para la historia, será el cartel de la anciana y el MENA (representado de la forma más deshumanizada y aterradora posible) comparando cifras sesgadas y lanzando con el trazo más gordo posible el innecesario conflicto entre pensiones e inmigración. Obviamente es imposible plantear soluciones a dos cuestiones con consecuencias catastróficas futuras como es nuestro suicidio demográfico y la cuestión migratoria pero esa no fue nunca la intención. Lo que se interprendió fue apelar a lo más visceral y tribal para movilizar al electorado que es lo que hace la propaganda. Cosa que es inútil si el receptor del mensaje está lo bastante informado como para reconocer lo burdo de la comparativa o si es de juicio templado para no caer en provocaciones del cerebro de reptil.

Propaganda es y propaganda debe ser considerada. De hecho, propagada debe quedarse para escarnio de quien lo compre porque borrarlo o censurarlo no nos permite aprender que esas cosas existen y que volverán de nuevo. Y no se rasguen las vestiduras. Esta campaña pasará y otras vendrán. Los candidatos probablemente acaben siendo, con suerte, una nota al pie de página del libro de historia que se escribirá de esta década de reinvención de la rueda.

Aprovecho que la campaña ha secuestrado la efeméride del 4 de mayo para desearos a todos algo bueno de corazón: que la Fuerza os acompañe, que falta nos va a hacer, porque se está fraguando un “no hay huevos” a nivel nacional.

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