El lenguaje audiovisual en la cultura del entretenimiento

La civilización democrática sólo se salvará si se hace del lenguaje de la imagen una provocación a la reflexión crítica y no una invitación a la hipnosis

Umberto Eco

La cultura del entretenimiento sigue afianzándose en la televisión, especialmente durante este año de pandemia donde la programación de las principales cadenas de televisión están otorgando más espacio a la creación de nuevos realities donde los espectadores pueden participar y decidir sobre el futuro de los concursantes. Un lenguaje audiovisual transversal donde la audiencia deja de ejercer el papel de mero espectador. 

De igual forma, la cultura del entretenimiento sigue en aumento a través de los formatos de ficción. Las más importantes corporaciones de comunicación que apostaron por la comunicación digital ofrecen sus servicios audiovisuales y producciones seriales a través de plataformas como Atresmedia o Mediaset, corporaciones que siguen creciendo y se revalorizan en el mercado con estas apuestas seguras. 

En un tiempo en el que los espacios educativos quedan en un segundo plano y los espacios de análisis se basan fundamentalmente en la opinión de colaboradores que siguen una línea editorial marcada, el lenguaje audiovisual viene siendo lo que el libro al lector, una verbalización semántica que nos permite interpretar y entender el argumento y la trama que propone el escritor. Pero el lenguaje audiovisual va más allá del lenguaje gramatical, muestra lo que se ve y no se ve a simple vista, pero nuestro cerebro es capaz de captar como parte de ese lenguaje que sirve para llevar la comunicación a un estado más avanzado donde interfiere la inteligencia cognitiva, emocional y dialéctica, lo cual no es sinónimo de ser crítica o analítica debido al nivel secuencial de este lenguaje que proyecta la imagen. 

Alfabetización mediática

La calidad de la información que recibimos interfiere sustancialmente en nuestras percepciones, creencias, actitudes y en el modo en el que nos relacionamos con los demás. Al hablar de alfabetización mediática para evitar que el espectador deje de ser un mero sujeto hipnotizado, olvidamos también la parte formativa y educacional del sujeto para capacitarlo más allá de las modas. Pero lo cierto es que es difícil. Fundamentalmente en la alfabetización intervienen la parte social, la parte educativa y el interés del sujeto. 

Una de las diferencias que destaca la UNESCO, respecto de la alfabetización mediática e informacional, es que mientras hay algunas personas hambrientas de información, otras están inundadas de contenido impreso y de transmisión digital. 

Por otro lado, las agencias de verificación de noticias aumentan al mismo tiempo que los espacios de opinión informativos. Sin embargo, ¿qué espacios culturales y educativos encontramos en la televisión? 

Las segundas cadenas tomaron la iniciativa en ese proceso de introducir estos espacios para los espectadores adultos y el de los dibujos animados para el público infantil. Sin embargo, lejos de ocupar los espacios de máxima audiencia, se emiten en horarios más discretos. Encontramos algunas excepciones como el programa El Hormiguero, que a pesar de ser un programa de entretenimiento en prime-time, deja una parte más lúdica para un público adolescente y adulto que le interesa la ciencia y los últimos avances. Pero con el paso del tiempo ha dejado de ser la sección central del programa y se produce sin correlación con el resto de las secciones. 

Otro de los espacios televisivos es Pasapalabra, un programa educativo que sirve básicamente para alfabetizar a la audiencia mejorando el conocimiento del español como lengua. No obstante, sigue siendo la televisión pública la que ofrece más contenido relacionado con programas culturales y de divulgación. 

Cambios sociales tratados en la ficción

Junto a la alfabetización mediática, la ficción ejerce también un papel fundamental para desarrollar y tratar los principales temas actuales desde el entretenimiento. Estos formatos, que permiten llegar a toda clase de público, atrapan muchas de las temáticas que promueven los cambios sociales desde la distancia histórica, como las series documentales o las basadas en hechos reales, y las tramas de ficción con personajes imaginarios y/o futuristas.

Algunas de estas ficciones no dejan de ser adaptaciones literarias de novelas que han sido llevadas a la pantalla tras ser superventas. Best sellers que pasan a tener toda la atención de un sector audiovisual que cada vez ve más necesario atraer a los espectadores mediante un producto que ya ha sido probado y puede ser más certero que cualquier obra original con un argumento nuevo. Y aunque las adaptaciones siempre han estado muy ligadas al sector cinematográfico, ha ido creciendo a una velocidad abrumadora; en parte por la aparición de las nuevas plataformas en streaming y el objetivo de mantener una demanda al alza de nuevas producciones. 

Según el último informe de Kantar Media, los españoles pasamos viendo la televisión 3,9 horas al día, un 6,7% más que en 2019. De forma que las restricciones a la movilidad y el confinamiento han favorecido este crecimiento de nuestro tiempo de ocio que hemos dedicado a ver la televisión en detrimento de otras opciones como las reuniones sociales, la lectura, etc. Lo que implica que el sector audiovisual sigue afianzando la cultura del entretenimiento, a través de su apuesta por la telerrealidad y los proyectos audiovisuales en las nuevas plataformas.

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