A nueve comidas de la anarquía


Cuando pensé en el tema de la columna para este número quería presentarlo como una sugerencia para el debate pero los hechos se han agolpado frenéticamente en los últimos días de manera que las hipótesis se han convertido en noticias. La cita que da nombre a este texto es de Lord Cameron de Dillington y de la anterior crisis (hablamos de ella como si fuese cosa del pasado remoto). Aunque se articulase en un contexto diferente y referido a una eventual crisis alimentaria a cuenta de fallos en la cadena de suministro de petróleo, encontrarse “a nueve comidas de la anarquía” lleva a pensar que nuestra sensación de autosuficiencia y de seguridad puede ser una ilusión basada en nuestro desconocimiento de la situación real de nuestro sistema: el Estado Derecho.

Sin pretender entrar en la teoría del Derecho Político, podemos reducir los estados a sus elementos más básicos para encontrar el común denominador. En este sentido, en el núcleo de todos encontramos una maquinaria de gestión de recursos para el sostenimiento de un ordenamiento jurídico, que incumbe a una población en un territorio determinado. La justicia de ese ordenamiento, la equidistribución de esos recursos y la definición de poblaciones y territorios son elementos importantes pero no esenciales ni inmutables. Así, desprovista de todo su plumaje de altas instituciones, valores universales y coloridos productos culturales, el águila de nuestro orgulloso «Imperio de Occidente», empieza a parecer un pollo frito y más que lo va a parecer. Todo ese orden se basa el cumplimiento simultáneo de dos premisas: que la riqueza fluya y que la población no desobedezca en masa. 

Hace cien días, creíamos que las epidemias mortales eran cosas del pasado y de otros lugares a los que etiquetamos como atrasados, pobres, tercermundistas, etc; pero los hechos nos han sacado de esa mentira confortable que nos habíamos contado hasta convencernos: ni nuestra sanidad era la mejor del mundo, ni los científicos podían resolver inmediatamente cualquier problema.

La situación en EE.UU. a cuenta del presunto asesinato de George Floyd, un caso estremecedor pero desgraciadamente no inaudito, en el que esta barbaridad ha prendido el reguero vertido por la COVID-19 de resentimiento, pobreza y desesperación de millones de personas (…)

Hasta aquí la teoría porque el futuro me alcanzó antes de enviar la columna. Fíjense en la situación en EE.UU. a cuenta del presunto asesinato de George Floyd, un caso estremecedor pero desgraciadamente no inaudito, en el que esta barbaridad ha prendido el reguero vertido por la COVID-19  de resentimiento, pobreza y desesperación de millones de personas a largo del país y que ya ha cruzado el charco siguiendo patrones similares. En definitiva, la Historia nos demuestra que no ha habido ninguna revolución que se haya luchado con el estómago lleno.

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